Qué puede esperar
Ven como eres, aquí eres bienvenido.
No se juzga dónde has estado, lo que has hecho o dejado de hacer, sea cual sea el camino que hayas recorrido en la vida. San Pablo valora a todos y cualquiera puede tener un lugar en nuestra mesa.
Es el Dios Trino quien nos acoge.
Por invitación de Dios, nos reunimos cada domingo en torno a la Mesa de la Comunión para dar testimonio del amor incondicional de Dios, de los brazos abiertos de Cristo y del consuelo permanente del Espíritu que sana y renueva toda la Creación.
Bienvenido a su casa
Dondequiera que estés en tu camino, ven tal como eres.
Los envitamos a unirse a nosotros en nuestro viaje espiritual hacia el amor, la paz y la justicia.
Servicios Semanales
Servicios los Domingos a las 10:00 a. m. en Ingles. Tambien transmitidos en vivo por este medio o Facebook bajo St.Paul’s Episcopal Church.
Misa en Español los Domingos a las 12 pm
Cada domingo nos reunimos en la sala Sophia después de la misa en inglés y antes de la misa en español para tomar café, comer y compartir.
Cada tercer domingo celebramos una Misa de Sanación, con unción e imposición de manos para la sanación. La Misa de Sanación se caracteriza por un profundo nivel de cuidado mutuo. Durante este servicio cantamos música de Taizé e himnos espirituales y devocionales.
Nuestro espacio de culto es hermoso, lleno de color, y nuestra comunidad se reúne en círculos alrededor del altar, la pila bautismal y el atril de predicación. Los colores de los iconos, las vidrieras y la cruz de San Damián llenan el espacio de culto con tonos cálidos de dorados, marrones, azules y rojos para rodear a la comunidad de fieles con sentimientos de calidez y alegría reverente durante nuestro servicio de sanación.
La historia de nuestra liturgia
La belleza de nuestro culto no reside solo en las palabras que pronunciamos o en los gestos que realizamos, sino en la profunda fuente de significado y tradición de la que brotan. Cuanto más comprendamos la historia que hay detrás de nuestra liturgia, más plenamente —y con mayor fidelidad— podremos rezarla.
Empecemos, pues, por el principio, con un breve recorrido por la historia de la liturgia anglicana y por qué sigue siendo tan importante en nuestra vida en común hoy en día.
Cuando los anglicanos hablamos de liturgia, nos referimos a algo más que a un servicio de culto. Nos referimos a un modelo sagrado de oración que da forma a nuestra fe, nuestra teología y nuestra vida en común. La palabra liturgia proviene del griego leitourgia, que significa «la obra del pueblo». La liturgia, por tanto, no es algo que realice únicamente el clero; es la obra compartida de todo el Cuerpo de Cristo. Juntos, ofrecemos alabanza y acción de gracias, confesamos nuestros pecados, escuchamos la Palabra de Dios y nos alimentamos en la mesa de Cristo.
Las raíces del culto anglicano se remontan a los primeros días de la Iglesia. Los primeros cristianos se reunían, al igual que los apóstoles, para orar, leer las Escrituras, partir el pan y compartir la comunión. Con el tiempo, estas reuniones adquirieron una estructura reconocible: salmos, oraciones, lecturas, predicación y la Eucaristía. En Europa occidental, incluida Inglaterra, esto se desarrolló en la misa en latín, que dio forma al culto cristiano durante siglos.
El siglo XVI marcó un punto de inflexión con la Reforma inglesa. Bajo la dirección del arzobispo Thomas Cranmer, la Iglesia de Inglaterra se propuso preservar la riqueza de la tradición antigua, al tiempo que arraigaba el culto más profundamente en las Escrituras y lo hacía accesible a todas las personas. El resultado fue el primer Libro de Oración Común en 1549, un libro revolucionario y bellamente escrito que situó el culto en el lenguaje del pueblo. Por primera vez, las congregaciones rezaban juntas en inglés, participando plenamente en la oración común de la Iglesia.
Aunque se ha revisado muchas veces desde la época de Cranmer, la esencia del Libro de Oración Común sigue siendo la misma. Ofrece un culto que es a la vez antiguo y reformado, católico y evangélico, reverente y pastoral. Ya sea en la oración diaria, en la pila bautismal, en el altar o ante la tumba, los anglicanos han confiado durante mucho tiempo en estas palabras para acompañarlos en los momentos más sagrados de la vida.
En la Iglesia Episcopal actual, utilizamos el Libro de Oración Común de 1979. Este refleja nuestra herencia anglicana al tiempo que abraza la renovación litúrgica del siglo XX. Combina un lenguaje tradicional y contemporáneo, centra nuestro culto en la Eucaristía y nos llama a vivir nuestras promesas bautismales en el mundo.
¿Por qué es importante todo esto?
Porque en un mundo que a menudo nos parece fragmentado y acelerado, nuestra liturgia nos da seguridad. Aporta un ritmo sagrado a nuestras vidas. Nos enseña a orar cuando las palabras nos fallan. Nos une a cristianos de todas las generaciones y de todo el mundo. Y nos recuerda que la fe no se reduce solo a lo que creemos, sino también a cómo rendimos culto, cómo amamos y cómo convivimos como pueblo de Dios.

